Stefan Gurtner, escritor, director de teatro y miembro de PEN Bolivia, comparte una conmovedora crónica sobre un viaje desde Bolivia hasta Tierra del Fuego, centrada en un prisionero real que estuvo recluido en la legendaria y temida cárcel de Ushuaia.
Simón Radowitzky: historia de un preso en Ushuaia
Gurtner recuerda que en un primer relato se inspiró en un preso imaginario, Josef Mengele, conocido como “Dr. Caramarilla”, un criminal de guerra nazi recluido en esa cárcel al extremo del mundo. Más tarde, durante la escritura de su libro “Doña Isidora y sus increíbles historias”, vuelve a encontrarse con la historia de la prisión a través de relatos vinculados al movimiento anarquista y sindical en Argentina y Bolivia.
Una figura central es Simón Radowitzky, inmigrante ruso-ucraniano y herrero, perseguido por motivos políticos tras la Revolución de 1905, que fue enviado a prisión en Ushuaia tras lanzar una bomba en 1909 que mató al coronel Falcón y su ayudante. Condenado a cadena perpetua por su juventud, permaneció en la cárcel hasta su indulto en 1930, tras lo cual se exilió en México.
Condiciones extremas en la cárcel del fin del mundo
La prisión de Ushuaia fue conocida por sus condiciones inhumanas. Según la revista argentina “Revista Pensamiento Penal”, los presos soportaron quizás las peores condiciones que pueden darse en una prisión, con celdas de aislamiento en completa oscuridad y alimentación mínima, y el constante temor al suicidio y la muerte por frío o castigos.
El castigo para presos como Radowitzky incluía celdas de aislamiento por 20 días, apenas alimentados con pan y agua. La desesperación era tal que muchos intentaban suicidarse antes de llegar a la isla.
Trabajo forzado y vida en la isla
Los prisioneros tenían que talar árboles en condiciones extremas, bajo frío intenso y sin ropa adecuada. Para transportar la madera, se construyó un pequeño ferrocarril de trocha angosta. La posibilidad de escape era casi nula debido al clima y la geografía, y quienes intentaban huir eran buscados por 40 días; si no se encontraban, se les daba por muertos.
Un museo que conserva la memoria
Actualmente, la prisión funciona como museo y el antiguo tren está en operación turística. En las instalaciones, algunos jóvenes vestidos con uniformes de presidiarios recrean escenas para los visitantes. Un panel conmemorativo dedicado a Simón Radowitzky y otros presos recuerda las duras condiciones y el sufrimiento vivido. Este testimonio mantiene viva la memoria de lo que fue una de las prisiones más crueles de la historia.
Fuente original: Los Tiempos
Enlace de la noticia original: https://www.lostiempos.com/oh/actualidad/20260817/reencuentro-inesperado-carcel-ushuaia
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